
Dos países en un mismo fin de semana: La desconexión del poder y el despertar del puertorriqueño
Por: Carolina Acevedo
24 de agosto de 2026
Hay momentos en la historia política de un país donde las contradicciones dejan de ser abstractas y se vuelven dolorosamente visibles.
El pasado fin de semana en Puerto Rico no fue simplemente una coincidencia de eventos en la agenda pública; fue una radiografía exacta del abismo estructural que separa a la clase gobernante de las realidades del pueblo.
Mientras miles de familias enfrentaban la penumbra de los apagones y la incertidumbre del suministro de agua en medio de la sequía, la gobernadora Jenniffer González celebraba exclusivas actividades de recaudación de fondos de campaña en hoteles de lujo. Esta realidad no es solo un contraste estético o una provocación de clase, representa una disociación absoluta del gobierno.
Cuando el liderazgo político se atrinchera tras salones acondicionados y cordones de la Fuerza de Choque para obviar el colapso de los servicios esenciales, a la vez que el país digiere el descaro y la impunidad en torno al contrato de sobre $5,800 millones adjudicado a la insolvente Power Expectations, la relación entre el Estado y el ciudadano se fractura. Se trata de un entramado donde la Oficina de Alianzas Público-Privadas, la entidad dirigida por el licenciado Osvaldo Carlo (3PPO) y la propia Oficina del Zar de Energía (Josué Colón) intentaron despachar las denuncias iniciales como un “show de influencers” y la gobernadora como “un drama”, para luego tener que admitir referidos ante imputaciones de firmas falsificadas con Enchanted Rock y señalamientos de la Junta de Control Fiscal.
Gobernando desde la ajenidad y el encubrimiento, actúan como espectadores distantes y no como servidores responsables.
Frente a esa sofocante arrogancia del poder, la respuesta social no se hizo esperar, pero lo verdaderamente revelador fue cómo se manifestó.
Por un lado, la noche del sábado en Aguadilla atestiguó un evento organizativo y cultural. La ocupación de la Plaza Plácido Acevedo para el estreno al aire libre de la cuarta parte del documental La Esencia del Conflicto, por iniciativa del Comité del PIP de Aguadilla y junto a Gabo Ramos, no fue un mero encuentro de convocatoria. Fue una afirmación de que los espacios públicos son el foro natural para el rigor, la educación ciudadana y el debate serio. Ver a una comunidad reunida en la plaza, sin lujos pero con profunda conciencia, demuestra que la articulación política del país se está construyendo desde la base y la colectividad.
Por otro lado, la multitudinaria marcha en Cabo Rojo reafirmó que la defensa del territorio ha dejado de ser un asunto aislado para convertirse en una prioridad nacional. El rechazo al megaproyecto Esencia no es un capricho contra el desarrollo; es un análisis maduro sobre los impactos de la especulación inmobiliaria, la presión sobre nuestros recursos de agua y luz, y el despojo paulatino de las comunidades del suroeste. El pueblo en la calle entiende lo que el gobierno ignora: que no hay desarrollo sostenible si se destruye el entorno y se desplaza a su gente.
Incluso desde la plataforma del entretenimiento, el eco fue ineludible. Cuando la voz de Benito, el artista más grande del mundo, valida desde la tarima la frustración colectiva de un país que se niega a normalizar la precariedad, el mensaje es unánime: la anestesia social se terminó.
Este fin de semana no presenciamos una simple crisis de servicios públicos. Presenciamos la coexistencia de dos Puerto Ricos: el de un gobierno desconectado que se atrincheró a restregar su privilegio, y el de un pueblo que en la plaza, en la carretera y en la calle demostró que la dignidad y la resistencia sobre el territorio están más despiertas que nunca.