(English translation below)

En estos días de crisis, debate político y Junta de Control Fiscal, se habla mucho de la deuda que tiene el pueblo de Puerto Rico con sus acreedores y bonistas. A causa de esto, ha quedado al desnudo nuestra descarnada condición colonial, y se han estado repartiendo culpas y responsabilidades entre los actores políticos y el pueblo en general.

En la más reciente muestra de la percepción generalizada de nuestra realidad económica, el presidente Donald Trump acaba de afirmar que el dinero para la recuperación luego de los huracanes no puede ser utilizado para rescatar los compromisos financieros de la isla. Esto bajo la premisa de que nuestra deuda se remonta a algunas décadas de mal manejo e irresponsabilidad financiera por parte de nuestros gobernantes. Sin embargo, los orígenes de la situación económica de Puerto Rico se pueden trazar mucho más lejos de lo que normalmente se debate, comenzando por los sucesos del año 1898, cuando Estados Unidos tomó posesión de la isla al ganarle la guerra a España. A partir de este momento, comenzó una explotación al pueblo puertorriqueño que puede ser medida y estimada en dólares y centavos, y que cambia por completo la perspectiva existente con respecto nuestra historia económica reciente.

Entre las primeras medidas tomadas por el gobierno militar, estuvo la imposición de un impuesto de 15 porciento a todo lo que se producía en Puerto Rico. Los comerciantes y productores puertorriqueños perdieron a su primer socio comercial, España, y no pudieron entrar en el mercado estadounidense, puesto que dicho impuesto le hizo imposible competir con los productos norteamericanos. Durante estos años, muchas empresas puertorriqueñas desaparecieron debido a la imposición unilateral y forzada de dicho tributo.

Mientras eso ocurría, el Congreso de los Estados Unidos impuso una devaluación de la moneda utilizada en Puerto Rico,estimando su valor en un 40 por ciento por debajo del valor real de la misma en el mercado. Por ende, los ahorros y activos bancarios puertorriqueños se vieron devaluados de un plumazo, unilateralmente. Estas dos medidas empobrecieron enormemente al pueblo puertorriqueño, y sentaron las bases para la penetración de las grandes corporaciones norteamericanas de producción de azúcar, comenzando en el año 1901. El capital norteamericano comenzó a adquirir tierras a niveles de monopolio, y a los puertorriqueños no les quedó otra salida sino emplearse en la nueva industria azucarera, que pagaba salarios de miseria y hambre, con grandes ganancias para los dueños ausentistas.

En 1917 nos impusieron las leyes de cabotaje, en las cuales queda declarado que solo podemos utilizar barcos con bandera y marinos estadounidenses para importar lo que consumimos del exterior. Sepamos que esta es la marina mercante más costosa del mundo, y se ha estimado que solo lo que nos ha costado el uso de esta marina, equivale al monto de la deuda que actualmente poseemos con los bonistas.

A raíz de la Segunda Guerra Mundial, Puerto Rico se vuelve un eje estratégico en la defensa estadounidense de sus intereses en el Caribe, y más aún con la penetración rusa a raíz de la victoria de la revolución en Cuba. Vieques, Culebra, Ceiba, Aguadilla, Salinas, y muchas otras localidades del archipiélago de Puerto Rico fueron ocupadas para maniobras militares, sin que nunca se pagara directamente una justa compensación por el uso de estas tierras. El caso de Vieques es sumamente ilustrativo, cuando dos terceras partes de la isla fueron bombardeadas por más de 70 años. Si bien es cierto que estas maniobras podían traer un impacto económico indirecto en las microeconomías locales, nunca se pagó directamente un precio de alquiler y uso por las tierras usurpadas y bombardeadas por la Marina de Guerra Norteamericana. Lo que es peor, no nos han pagado prácticamente nada por la descontaminación de las tierras utilizadas durante años, y actualmente los problemas de salud en Vieques son reconocidos internacionalmente, sin que las autoridades estadounidenses hayan reconocido responsabilidad.

Todo lo anteriormente declarado es solo parte del sistema de explotación de la tierra y el capital humano de nuestro país. Las grandes corporaciones norteamericanas han hecho de Puerto Rico una importantísima meca comercial, ante la imposibilidad que tenemos de proteger nuestra propia producción y comercio. Cada año los restaurantes de comida rápida, las mega cadenas de venta de enseres, alimentos y artículos varios, engrosan sus arcas en cifras de muchísimos millones de dólares, a costa del mercado cautivo que representa la isla de Puerto Rico. Todo esto a cambio de algunos pocos puestos de trabajo sin derechos, muy pobremente remunerados, y algunos dólares al fisco local.

La historia puede ser interpretada desde diferentes puntos de vista, y puede depender del cristal con que se mire, pero los números son los números, y los hechos son los hechos. Cuando examinamos someramente lo acontecido desde el 1898 cabe la pena preguntar… ¿quién le debe a quién?

English translation:

In these days of crisis, political debate and the tax control board, there is much talk about the debt that the people of Puerto Rico have with their creditors and bondholders. Because of this, our colonial condition has been made naked, and blames and responsibilities have been distributed among political actors and the people in general.

In the latest sample of the generalized perception of our economic reality, President Donald Trump just said that the money for recovery after the hurricanes can not be used to resolve the financial commitments of the island. This under the premise that our debt goes back to some decades of poor management and financial irresponsibility by our governors. However, the origins of the economic situation of Puerto Rico can be traced back much farther than what is normally debated, beginning in 1898, when the United States took the possession of the island by winning the war against Spain. From this moment began the exploitation of the Puerto Rican people, which can be measured and estimated in dollars and cents, and that completely changes the existing perspective with respect to our recent economic history.

Among the first measures taken by the military government was the imposition of a 15 percent tax on all that was produced in Puerto Rico. Puerto Rican merchants and producers lost their first commercial partner, Spain, and could not enter the U.S. market, since the tax made it impossible to compete with U.S. products. In the following years many Puerto Rican companies disappeared due to the unilateral and forced imposition of such tribute.

At the same time the United States Congress imposed a devaluation of the currency used in Puerto Rico, reducing its value by 40 percent below its real market value. Therefore, Puerto Rican bank assets were unilaterally devalued at the stroke of a pen. These two measures greatly impoverished the Puerto Rican people and laid the bases for the penetration of the large U.S. corporations of sugar production, beginning in 1901. U.S. capital began to acquire land to monopolistic levels, leaving Puerto Ricans with no option except employment in the new sugar industry, which paid wages of misery and hunger, with great profits for the absentee owners.

In 1917 the U.S. imposed the cabotage (shipping) laws, which requires that we only use ships with U.S. flag and U.S. merchant marines to import what we consume. We know that this is the most expensive merchant marine in the world, and it has been estimated that only what this alone has cost us is equivalent to the amount of the debt that we have today.

Following the Second World War, Puerto Rico became a strategic axis in the US defense of its interests in the Caribbean, and even more with Russian penetration as a result of the victory of the Revolution in Cuba. Vieques, Culebra, Ceiba, Aguadilla, Salinas, and many other locations of the Archipelago of Puerto Rico were occupied for military maneuvers, without any compensation for the use of these lands. The case of Vieques is extremely illustrative, when two thirds of the island were bombarded for more than 70 years. While sometimes it is true that military maneuvers may have an indirect economic impact on local microeconomics, in Vieques there was never direct payment by the US Navy for its bombardment and other uses. What is worse, they paid almost nothing for the decontamination of the lands they used for years; nor has the US recognized their responsibility for the current health problems in Vieques, something that is known even internationally.

All of the above is only part of the system of exploitation of natural and human resources of our country. The large U.S. corporations have made of Puerto Rico a very important commercial Mecca, as we face the impossibility of protecting our own production and commerce. Every year the fast food restaurants, the mega-chain stores that monopolize the sale of food, equipment and other products, fatten their coffers by many millions of dollars, at the cost of the captive market that Puerto Rico represents. All this in exchange for a few jobs, very poorly remunerated, and some dollars to the local economy. The story can be interpreted from different points of view, and can depend on the lens with which it is seen, but numbers are the numbers, and facts are the facts. When we examine what has happened since 1898 it is worth asking … who owes whom?

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